03
Sep
2009

Quedarse escondido, tornarse de negro a blanco, ver pasar los años escuchando gritos sin sentidos, caricias inconcientes, ir perdiendo el olfato y memorizar sólo recuerdos de rastros, mover la cola, cada día de todos mis años, perder mi madre, inconciente de su parentesco, extrañarla, desearla tanto como para aprender sus mañas demasiado tarde.
Nunca reconocerse, llamarse en un lenguaje que no puedo pronunciar, cero independiente e incapaz de beber con pitillo. Correr por entre la grama, el pasto, que aun pequeño normalmente me tapa, sentirse como los niños del maizal, sola y desesperada. Espantando a los que no conozco, perdiendo la confianza que nunca tuve, no dejo que me huelan el culo, gruño, ladro, me erizo.
Y los minutos se reflejan en mis bigotes, en mis cejas, en los hongos y manchas de mi piel, en esta maldita rasquiña, que a veces quiere dejarme calva y me socava agujeros dolorosos y rojo, cuales son mis recuerdos? El asiento rojo, la inexplicable atracción de las alfombras para ser orinadas, los muebles y las tablas que me separaron de ellas, el sonido del timbre cuando llega la comida, el olor diferente a la sopa diaria, la mesa alta y mis cariños sentados en ella, la mano que baja, el bocado de manjar…
No sólo la piel se ha tornado blanca, los ojos, me los taparon con una sábana clara y aun no he muerto, y a veces no me doy cuenta y deambulo por mi laberinto sin siquiera recordar que no veo. Aunque a veces llega la palabra, antaño satisfactoria y esperada Y no logro evitar emocionarme, y parar mis orejas, pensar que es verdad, que saldré a recibir el sol y ladrar a los demás, y cuando busco la salida de mi agujero, recuerdo que ya no veo, y no se donde está la izquierda, ni la derecha, ni vislumbro los pasos de mi guía…. Y prefiero frenar y dar media vuelta
Orinar en la puerta, en la sala, en el garaje, dentro de esta seguridad blindada, a mi edad no me golpean, sólo cuando la rabia puede mas que la compasión y la tristeza, cuando mis esfínteres se relajan en la noche y dejo pedazos digeridos de mí en el lecho de mi principal aliado, y no entiendo a veces los golpes, no se que me muestran cuando me llevan…, siento la mano firme, pero no se a que se debe y adolorida y desconcertada debo ubicarme de nuevo en mis subdominios, y perderme bajo los muebles, en la sombra, donde no me encuentren…
Horas, horas, 24 horas de día, eternas, mentirosas, largas, sin vocablos, en silencio y mucho tiempo sola, perdida en esta ceguera blanca, buscando el sueño, vagando, retocando mis uñas contra las baldosas, buscando el sueño, para viajar un poco más allá y tal vez divertirme, o pasar un tiempo y despertar sintiendo una mano en mi cabeza, o en mi lomo, 2 minutos, 30 segundos, tal vez todo lo diferente en un día, y a veces no saber siquiera quién me quiso, quién jugo conmigo.
El complejo pasar sin pensar a donde voy, sintiendo las paredes con la nariz y confundiendo el blanco con el negro, despistada, insegura, aislada, olorosa, retirada, discriminada, el jabón no me quita este olor a vejez, y la medicina no me recupera la piel, las fallas, las equivocaciones, mis fracasos y dolores, son ese nexo con la humanidad ahora, a veces causando risas, a veces lágrimas e incomprensión, pero llenándome siempre de este vacío, este agujero que se me mete en el vientre y sólo me deja encontrar una pared para irme a otro lado, y desaparecer un rato, sumida en el tiempo, que nunca se cuanto durará ni a donde llegará, perdida de los ojos que si ven, escondida de la vida, recogida y retraída, con la cabeza gacha y el caminar pesado, esperando que me de sueño.
Quedarse escondido, tornarse de negro a blanco, ver pasar los años escuchando gritos sin sentidos, caricias inconcientes, ir perdiendo el olfato y memorizar sólo recuerdos de rastros, mover la cola, cada día de todos mis años, perder mi madre, inconciente de su parentesco, extrañarla, desearla tanto como para aprender sus mañas demasiado tarde.
Nunca reconocerse, llamarse en un lenguaje que no puedo pronunciar, cero independiente e incapaz de beber con pitillo. Correr por entre la grama, el pasto, que aun pequeño normalmente me tapa, sentirse como los niños del maizal, sola y desesperada. Espantando a los que no conozco, perdiendo la confianza que nunca tuve, no dejo que me huelan el culo, gruño, ladro, me erizo.
Y los minutos se reflejan en mis bigotes, en mis cejas, en los hongos y manchas de mi piel, en esta maldita rasquiña, que a veces quiere dejarme calva y me socava agujeros dolorosos y rojos, ¿cuáles son mis recuerdos? El asiento rojo, la inexplicable atracción de las alfombras para orinar, los muebles y las tablas que me separaron de ellas, el sonido del timbre cuando llega la comida, el olor diferente a la sopa diaria, la mesa alta y mis cariños sentados en ella, la mano que baja, el bocado de antojo…
No sólo la piel se ha tornado blanca, los ojos ya me los taparon con una sábana clara y aun no he muerto, y a veces no me doy cuenta y deambulo por mi laberinto sin siquiera recordar que no veo. A veces llega la palabra, antaño satisfactoria y esperada y no logro evitar emocionarme, y parar mis orejas, pensar que es verdad, que saldré a recibir el sol y ladrar a los demás, y cuando busco la salida de mi agujero, recuerdo que ya no veo, y no se donde está la izquierda, ni la derecha, ni vislumbro los pasos de mi guía…. Y prefiero frenar y dar media vuelta
Orinar en la puerta, en la sala, en el garaje, dentro de esta seguridad blindada, a mi edad no me golpean, sólo cuando la rabia puede mas que la compasión y la tristeza, cuando mis esfínteres se relajan en la noche y dejo pedazos digeridos de mí en el lecho de mi principal aliado, y no entiendo a veces los golpes, no se que me muestran cuando me llevan…, siento la mano firme, pero no se a que se debe y adolorida y desconcertada debo ubicarme de nuevo en mis subdominios, y perderme bajo los muebles, en la sombra, donde no me encuentren…
Horas, horas, 24 horas de día, eternas, mentirosas, largas, sin vocablos, en silencio y mucho tiempo sola, perdida en esta ceguera blanca, buscando el sueño, vagando, retocando mis uñas contra las baldosas, buscando el sueño, para viajar un poco más allá y tal vez divertirme, o pasar un tiempo y despertar sintiendo una mano en mi cabeza, o en mi lomo, 2 minutos, 30 segundos, tal vez todo lo diferente en un día, y a veces no saber siquiera quién me quiso, quién jugo conmigo.
El complejo pasar sin pensar a donde voy, sintiendo las paredes con la nariz y confundiendo el blanco con el negro, despistada, insegura, aislada, olorosa, retirada, discriminada, el jabón no me quita este olor a vejez, y la medicina no me recupera la piel, las fallas, las equivocaciones, mis fracasos y dolores, son ese nexo con la humanidad ahora, a veces causando risas, a veces lágrimas e incomprensión, pero llenándome siempre de este vacío, este agujero que se me mete en el vientre y sólo me deja encontrar una pared para irme a otro lado, y desaparecer un rato, sumida en el tiempo, que nunca se cuanto durará ni a donde llegará, perdida de los ojos que si ven, escondida de la vida, recogida y retraída, con la cabeza gacha y el caminar pesado, esperando que me de sueño.

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A la perra muerta de mi corazón5.051
Ay monito no había leído esto, está buenísimo pero se me aguaron los ojos….