Sí, es un nuevo día
Abre los ojos. Su corazón, histérico, golpea repetidamente las paredes del pecho. Aturdido, reconoce a Douglas McCarthy cantando desde la computadora para despertarlo. Los párpados se relajan. Un respiro profundo le devuelve la calma. La bomba de sangre deja su cuarto de manicomio y salta a la pista de baile. Un par de dientes sibilinos se asoman entre sus labios. Su cabeza, de manera casi imperceptible, se mueve hacia delante y hacia atrás sobre la almohada.
Sí, es un nuevo día.
Comienza a hilvanar un plan para hacer de la mañana un fastuoso recuerdo. Vigorosidad, alegría y optimismo son las palabras que le cruzan la mente. Es el momento de levantarse. De cantar, bailar, estirar y hacer unas cuantas abdominales. De darse un duchazo de agua caliente para matar los calambres y uno de agua helada para reactivar las neuronas. Es hora de poner el café y desayunar fruta y granola con la agraciada mujer que duerme a su lado.
Alcanza el control de la mac que reposa junto a sus congéneres de televisión y cable. La alarma desaparece.
Percibe la luz a través de las cortinas. El día está despierto y le ofrece todas sus horas. Casi un millar de minutos para crear, para triunfar, para conquistar. Siente la fuerza y el poder de la decisión bombeando sangre por sus venas. Un último bostezo pare una lágrima al hacerle entrecerrar los ojos. Sus pensamientos sufren parálisis espasmódicas. Se duerme.

Que vaina, esto pasa muy seguido, muy buena la narración pero tenaz el contenido, asi se nos pasa la vida y luego nos quejamos de que no hay tiempo