11
mar
2008
-[ trip trip ]-
Carlos Colmillo anda por ahí, buscando entre las nostalgias una ventana que le permita abandonarlas. En el yeso de las paredes no ve más que gemelos de minutos: sonrisas estáticas llenas de sarcasmo. De su nariz dos lineas congeladas, detrás del plomo de sus bigotes un par de labios ensangrentados. Cada pulmón exhala un hedor que empaña sus gafas y el crujir de las cucarachas se confunde con el chirriar de sus dientes.
Carlos Colmillo es un gran personaje. Habita este mundo y recuerda continuamente que la vida no existe. “Una pantalla” diría de vez en cuando, ”un sueño de la nada” en otras ocasiones. Camina encorvado con la felicidad de su infancia; por los pliegues de su cuerpo se escurren recuerdos en tercera persona.
De que sirve la memoria, para qué acabar con la escoria es el verso que repite de una canción hace años inventada. Él dice que camina, pero sabe que no va a ningún lado. Cuando acaricia un perro no puede evitar la dramatización mental de su último aliento: el cerrar los ojos y no volverlos a abrir, el nunca inflar el pecho de nuevo.
Le duele cada segundo, pero tiene una gran resistencia al dolor. ¡Es más!, prefiere morir lenta y dolorosamente que tan sólo dejar de existir. Algunos dicen que es un tonto, otros que es alguna clase de sabio, pero todos le llaman Carlos Colmillo, porque su hambre… ¡Ay!, su hambre no tiene par.

He visto muchos Carlos colmillo, en las esquinas, a media calle, deambulando. Entonces me pregunto que puede pasarle a un ser humano para que llegue a ese estado.
Aunque la verdad, prefiero no saberlo, así será la incertidumbre de mi vida…
Sólo el hambre, la necesidad (que es lo mismo) coloca al hombre a la altura de su tiempo, según un español reconocido; Nezahualcóyotl lo pregunta:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Ese Colmillo tiene algo que el mundo necesita, ¡contagiémonos de Colmillo, de Ortega Y Gasset, de Nezahualcóyotl!
Es bueno ver que te asomas Ajo,
Xotla.
Hola Ajo:
Te sigo desde hace tiempo, me imagine al Carlos que describes… creo que alguna vez lo he visto…
Saludos!!!!!
Es hambre lo que tal vez dibuja Carlos Colmillo en sus andares, o tal vez es Carlos Colmillo lo que es dibujado e iluminado en los andares del hambre.
Como sea, Carlos Colmillo y ese hedor de su aliento es más grande que todas las raices de éstas ciudades. Es más bien las raices de éstas ciudades.