{ empezando el dia }
Se levanta. Claro que se levanta -imposible dormir hasta que le de la gana siendo empleado-, tarde como todos los días. Está empezando a creerse que es imposible despertarse antes. Pone el despertador con 1 hora de anticipación. Y lo escucha, lo escucha la primera, la segunda y hasta la tercera vez que suena, pero en ese momento su pulgar toma consciencia individual y ya no le despierta para aplazar el timbre 10 minutos o, en su defecto, apagar la alarma por completo. Empieza la mañana con un “otra vez”, luego el “¿llamo y aviso o rezo para que no estén los jefes?” y el esperanzador “a ver si recupero tiempo en la comida para no quedarme hasta tan tarde”. Una bellísima y rutinaria mañana que no ha podido romper: ni hacer ejercicio, ni levantarse temprano, ni no acostarse tan tarde, ni siquiera desayunar.
Son bellas sus mañanas; si le sumás además su torpe sentimentalismo paternal con un animalito de cuatro patas y cola juguetona que debe quedarse solo por quién sabe cuantas horas al día, son encantadoras. Pero aún así, lo que más adora es cuando algo diferente pasa en esa parvada de minutos a la que llama “empezando el día”. Tal vez olvida los lentes cuando ya está en el metrobus o lo llama un cliente (externo) -preguntando si es inoportuno- para decirle que hay problemas y 350 correcciones más. Pero su preferida es la voz amada que puede llamar con cualquier motivo. Después de saludar puede contarle que su máquina tiene un virus y Norton el Magnífico no pudo borrarlo, “¿qué hago?”. Como él no es ingeniero de sistemas, le dice dulcemente que anote el nombre del virus y se fije en internet a ver si aparece algo. Ya no tan amable le contestan que le va a tocar meterse al config y no sabe que madres y por eso esperaba que la pudiera ayudar, pero bueno, llamará a alguien que sí puedo o quiera. “Bye”.
“Chingón”,
repite varias veces en la cabeza y luego piensa que “afortunadamente” no está tan mal como millones y millones de personas alrededor del mundo; pero le importa un culo. “Qué chingón” murmura una y otra vez camino al trabajo.

Wow, vaya que me he sentido identificada, describiendo casi exactamente como empiezo mi día por las mañanas, de una forma tan digerible que me hace pensar que no debo odiar al despertador, que no es su culpa, y que la rutina si al tomas a bien deja de ser innecesaria.
Aja já… aja já, aja jó… Kanín Kanón, que chingón.
LO que me preocupa parce es que uste no tenga ritmos circadianos. Tan facil que es tener un gallo al lao… o un ombliguito champañero pa que lo despierte a uno…
y no como este man, que lo llama la mujer pa creerlo superman.
Tiene un transfondo muy berraco chino… bien la vaina.
Atte
Paprika Borgoña.
Andale, exactamente eso, que chingon, que chingon…sigo pensando mientras cruzo los dedos para que al obtuso de mi jefe se le ocurra morir mientras llego tarde.
Siempre me anima saber que no soy la unica que pasa por esto ja, mal de muchos remedio de tontos,tambien me anima ver las jaulas para pajaros de la vecina y comprobar que aun estan vacias. Muy buena Ajo, muy buena
En este caso, lamentable que nos identifiquemos con el sujeto
, pero bueno, esta es la vida, que aunque a veces digamos que no, en algún momento escogimos. A tratar de ser felices, que no se nos olvide, es (será?) lo importante.
Abrazos y cafecitos para cada mañana.